El Plan X: Este padre no necesita más que ver una letra para saber que su hijo necesita su ayuda Todo el mundo necesita un plan.



El Plan X: Este padre no necesita más que ver una letra para saber que su hijo necesita su ayuda
Todo el mundo necesita un plan.


Una de mis mejores amigas y yo tenemos a “Cristóbal”. Si recibimos una llamada de la otra y el tema es algo que “le contó Cristóbal”, significa que está metida en una situación incómoda, pero no necesariamente peligrosa, y debemos mantenernos en línea. Si, por el otro lado, escuchamos que Cristóbal tuvo un accidente o murió, bueno, es el orden de gravedad entre tomar un taxi hasta donde esté la otra o llamar a la policía, aunque afortunadamente jamás hemos llegado a ese punto.

Así como “Cristóbal”, cada vez más personas crean códigos para navegar este mundo tan cambiante y muchas veces peligroso de forma más segura, pero creo que nunca antes había sabido de una familia que utilizara uno, ni de forma tan inteligente.


Bert Fulks es un predicador estadounidense con hijos jóvenes. El hombre trabaja varias horas a la semana con grupos de adictos a las drogas y sabe mejor que nadie a lo que se enfrentan sus hijos en su círculo social.

“Seamos transparentes: Lo entiendo. Aunque estoy en mis 40, todavía recuerdo a ese chico tímido que se sentía atrapado por las corrientes impredecibles que son las experiencias adolescentes. No puedo contar la cantidad de veces que mi joven mundo fue interrumpido por sexo, drogas y alcohol sin que yo estuviese preparado. No sabía cómo escapar, pero al mismo tiempo no me quería castrar socialmente. Todavía recuerdo mi primer trago de cerveza en casa de un amigo en primaria— lo odié, pero me sentía atrapado”.


Los padres entienden que deben guiar a sus hijos para que lleguen ser adultos independientes y capaces de defenderse, pero ese esfuerzo muchas veces no pasa de la teoría a la práctica de la mejor forma.

En experiencia de Fulks, la presión social que más lleva a los adolescentes a callar estas experiencias y manejarlas de la peor forma posible tiene mucho menos que ver con sus amigos que con los adultos que los rodean.

“Como adulto ahora parece ridículo, pero era la realidad entonces. Me parecía obvio que no podía llamar a mis padres y pedirles que me rescataran. No se suponía que estuviera ahí en principio. Como adolescente, beber alcohol era más simple que aceptar el castigo, los sermones interminables y las interrogaciones, e incluso el potencial fin de la libertad como ya la conocía”.



No quería que sus hijos se sintieran así, sin importar qué, así que se le ocurrió una idea:

El plan X.



Todos sus hijos lo manejan y pueden acudir a él, desde el más pequeño hasta los que ya están en la universidad:

“Digamos que el menor, Danny, se va a una fiesta. Si algo sobre una situación lo pone incómodo, todo lo que tiene que hacer es enviarnos la letra ‘x’ a cualquiera de [los que pueden conducir]”.


Quien recibe la letra debe llamar y tener una conversación en plan:

“¿Hola?”

“Danny, pasó algo y tengo que ir a recogerte ya”.

“¿Qué pasó?”

“Te explico en el camino. Prepárate para que te recoja en 10 minutos, voy saliendo”.

Apenas Danny corte, puede explicarle a sus amigos que ha pasado algo y debe irse. No arriesga el ridículo social y además sabe que tiene todo el apoyo de sus padres para seguir aprendiendo a navegar el mundo.

Y me refiero a TODO el apoyo.

“Una vez que lo hemos extraído de las trincheras, Danny puede hablar de lo que pasó o quedarse callado, pero depende completamente de él. El plan X existe con el trato de que no le juzgaremos ni haremos preguntas (incluso si está a 20 kilómetros de dónde se suponía que estaría)”.


Existe, sin embargo, una excepción a la regla:


“Danny sabe que si alguien está en peligro, tiene una obligación moral de ayudar a protegerlo, sin importar lo que le cueste personalmente. Eso es parte de lo que tratamos de enseñar a nuestros hijos— somos los guardianes de nuestros hermanos y a veces debemos alzarnos por aquellos demasiado débiles para hacerlo. Fuera de eso, no tiene que contarnos nada. Jamás”.



La tecnología avanza a pasos agigantados, y la sociedad con ella: usar la tecnología con tus hijos, sobrinos, nietos y cualquier otro joven que te vea como autoridad y como apoyo es fundamental.


“Les ruego usar alguna forma de plan X en sus hogares. Sus hijos se lo agradecerán. No te puedes imaginar la diferencia que puede hacer algo tan simple entre tener a tu hijo riendo contigo durante la cena o pasando 6 meses en un centro de recuperación o (Dios no lo permita) algo mucho peor”.